domingo, 8 de abril de 2012

Capítulo Veintidós: Feliz San Valentín. Segunda Parte.



¡Hola, hola! Jijiji:3 Bueno, aquí tenéis la segunda parte del especial San Valentín, y sí lo sé, es tarde, pero es que quiero contar lo de todos y aún queda la última parte así que ^^ jaja :D
Quería deciros que muchas gracias por leer la novela enserio, y puedo parecer cansina diciéndooslo pero es que es la verdad, estoy muy agradecida con vuestros comentarios y vuestros votos que son los que me ayudan a seguir la novela con más energía ^^ Y como hoy estoy de muy buen humor, este capítulo os lo voy a dedicar a ¡todas vosotras! Jajaja, ai madre que mal que estoy. No me enrollo más, os dejo leer :)


Narra Anne.
Me empecé arreglar a las cuatro, ya que Liam iba a venir a por mí a las seis y media, y no me iba a dar tiempo. Me metí en la ducha mientras escuchaba a Mcfly, uno de mis grupos favorito, cuando terminé salí con una toalla alrededor de mi cuerpo hasta llegar al armario y coger la ropa que me iba a poner, cogí un vestido negro de palabra de honor, unos tacones negros y una chaqueta fina a juego con el vestido; me recogí el pelo con un tocado en la parte superior, me puse unos pendientes negros y me maquillé un poco. Miré el reloj, eran las seis y veinticinco, cuando tocaron a la puerta, Sylvie fue abrir y saludó a su hermano y a los demás; saludé a Liam y nos despedimos de todos, pero antes de salir cogí el bolso, las llaves y el móvil.
- Estás preciosa.- me susurró cuando íbamos camino del coche.
- Tú también.- le di un beso en la mejilla, y era verdad, iba realmente guapo, llevaba unos pantalones grises, una camisa blanca, una corbata negra, un chaleco a juego con el pantalón, unos zapatos y un abrigo.
- Usted primero, señorita.- dijo abriéndome la puerta del coche.
Sonreí como nunca antes, le había echado de menos, demasiado diría yo. Necesitaba volver a tener sus abrazos, sus caricias, sus besos, su olor... Él era imprescindible en mi vida, lo quería, no, que digo, lo amaba.
Condujo hasta una casa grandísima, preciosa. Me bajé del coche y contemplé aquella maravillosa casa, tenía un jardín iluminado, con rosales y enredaderas, y al final de un camino de piedras, estaba la puerta de la casa; Liam me tomó de la mano y me condujo por aquel camino hasta llegar a la puerta, la abrió, pero antes me tapó los ojos. Me adentró dentro de la casa y cuando cerró la puerta, me quitó la venda y lo pude ver todo; había una mesa para dos preparada con mis platos favoritos, una botella de champagne en un cubo con hielo, varias velas adornando aquel precioso comedor y pétalos de rosas esparcidos por todos los lados. Me giré hacia él con una de mis mejores sonrisas y le besé.
- ¿Te gusta, amor?- preguntó abrazándome.
- Me encanta.- contesté.
Me separó de él y me condujo hasta la mesa, nos sentamos uno enfrente del otro y empezamos a cenar. La cena transcurrió entre carantoñas, miradas, conversaciones y demás; cuando terminamos con el primer y segundo plato, se levantó y fue a por el postre. Volvió con un trozo de tarta de chocolate, con un poco de nata y fresas alrededor, sabía perfectamente que eso me encantaba. No se sentó, sino que me hizo un ademán para ir al salón, dejó las cosas encima de la mesa y esperó a que llegara yo para cogerme de la cintura y sentarme en su regazo quedando frente a frente.
- Gracias por todo.- le dije juntando mi frente con la suya.
- Nada de gracias.- respondió sonriendo.- Te mereces esto y más.
No lo dude más y le besé, fue un beso cálido y suave. Nos separamos a los pocos segundos y nos pusimos a comernos el postre entre besos y caricias. Al terminar fui a la cocina a lavar los platos cuando unos brazos rodearon mi cintura y unos labios recorrían mi cuello, me giré hacia él sin separarme lo más mínimo, me quedé embobada con esos ojos marrones que tantas veces atrás me habían enamorado, después de dos semanas enteras sin ver esos ojos, tenía que aprovechar ahora, pronto se iría otra vez de gira, pero por más tiempo; él seguí mirándome mientras se le formaba su preciosa sonrisa, pero sus ojos se iban cada dos por tres a mi boca y se mordía el labio inferior, decidida me pegué todo lo posible a él y acorté la distancia entre nosotros. Me cogió de la cintura mientras me conducía por un pasillo largo, hasta terminar en una habitación, con una cama enorme en el centro, todo rodeado de velas y pétalos de flores, me adentró en ella y me depositó suavemente sobre la cama. Poco a poco, la ropa que sobraba fue desapareciendo, estaba nerviosa, el por qué lo sabía, pero no quería parar, es más, no podía.
- Anne, ¿estás segura?- preguntó acariciándome la mejilla.- No te quiero obligar a...
- Segurísima.- respondí cortándole.
Él solo sonrió y me volvió a besar, poco a poco en aquella habitación empezó hacer calor, demasiado, hasta que su cuerpo y el mío, se fundieron convirtiéndose en uno.

Narra Giny.
Yo ya estaba lista cuando llegaron los chicos, me despedí de Lotte la cual se quedaba en la habitación y me fui con Harry. Decía que tenía una sorpresa, le empecé a insistir, pero él se negaba mientras reía, "¿qué habrá preparado?" pensé. Llegamos a la puerta de la universidad, y allí nos esperaba un coche negro, con los cristales tintados, dentro se encontraba...
- La última vez que te hago de chofer, Styles.- protestó Louis.
- Venga, Boo Bear, no te enfades, compréndeme.- dijo Harry poniendo morritos.
Louis le miró con una mirada asesina y nos montamos en el coche; durante el trayecto Harry y Louis me contaban lo que habían hecho durante la pequeña gira por EE.UU, yo les conté lo que habíamos hecho durante las dos semanas que estuvieron fuera. Después de unos veinte minutos de trayecto, Louis nos dejó en el centro de Londres, al lado del río Támesis; miré a Harry extrañada, me cogió la mano y me dirigió hacia un restaurante. Al entrar, lo pude contemplar mejor, parecía caro, demasiado.
- Harry, yo con un batido en milkshake city y con estar contigo me conformo.- le dije cuando caminábamos hasta la mesa asignada, estaba apartada de todo el mundo para evitar que los periodistas y fans nos molestaran.
- Cállate y disfruta.- dijo sonriéndome.
- Aquí está vuestra mesa, alejada de todos como usted pidió.- dijo el camarero.
- Muchas gracias.- contestó Harry, yo me digné a sonreír.
Harry me retiró la silla para que me pudiera sentar, parecía un auténtico caballero, bueno, lo era. Harry se sentó y empezó a mirar la carta para ver que querían pedir.
- Giny, ¿qué vas a pedir?- dijo Harry.
- Pues no lo sé.- cogí la carta y empecé a leer, había cosas que no sabía ni como se pronunciaba.- Aquí hay cosas muy raras, yo creo que me voy a decantar por unas ostras y perlas en sabayón con una ensalada.- dije poco convencida.
- Venga amor, no estés así.- dijo cogiéndome la mano.
- Pero es que esto es demasiado Harry, te va a costar muchísimo y no quiero, me siento mal.- dije mirándole a los ojos.
- ¡Oh, venga!- dijo.- Soy Harry Styles y quiero que mi chica tenga el mejor San Valentín de todo Londres.- añadió sonriendo.
"¿Cómo podía ser tan perfecto?" pensé, Harry llamó al camarero y pidió lo que queríamos, Harry se pidió una ¿langosta?, a mí eso no me gustaba, todo aquello que tuviera ojos y me mirara no me lo comía, para beber pidió una botella de champagne. Mientras nos traían la cena, le estuve contando lo que había pasado con Anne y Sylvie, la pelea que tuvieron; me dijo que a la próxima gira me llevaría con él para demostrarle al mundo entero quién era, o como decía él, para presumir de novia. A los veinte minutos nos trajeron la cena y la bebida, todo muy bien presentado, se notaba que era un restaurante caro, pues lo cuidaban todo con detalle.
- ¿Quieres un poco?- me preguntó Harry señalando su plato.
- No como nada que tenga ojos y me esté mirando.- dije mirando fijamente su plato, él rió.
- Yo tengo ojos y te estoy mirando.- añadió burlón.
- Tú eres un caso especial.- reí.
Soltó una leve carcajada y me sonrió, sus preciosos hoyuelos se dejaron asomar. La cena transcurrió entre miradas,  besos y tonterías por su parte; cuando acabamos fui a pagar mientras Harry iba al baño, pero me vio sacando la tarjeta y se negó a dejarme pagar, y después de tanto insistir y él de negarse, terminó pagando; les dimos las gracias a los del restaurante, y nos fuimos dando un paseo por las calles frías y húmedas de Londres. Estuvimos paseando hasta llegar al puente Westminster, desde allí se veía el Big Ben iluminado y el London Eye, tan precioso como siempre y más iluminado. Harry me cogió de la cintura y me giró hasta quedar frente a frente.
- Tengo algo para ti.- dijo sacando una caja pequeña de uno de los bolsillos de su americana.
- Harry, no hacía falta.- respondí, Harry me cogió la mano y depositó en ella esa pequeña caja.
- Ábrela.- me dijo. Yo le hice caso y la abrí, mis ojos se llenaron de lágrimas, pero de feliz, le abracé muy fuerte hundiendo mi cabeza en su pecho.- Eh, amor, ¿por qué lloras? ¿He hecho algo mal?
- ¿Algo mal? Joder Harry, me encanta de verdad.- volví abrazarle todavía más fuerte.
- Me alegro pequeña.- dijo besando mi cabeza.- Te mereces esto y más.
Levanté mi vista hacia sus ojos, desprendían esa felicidad que me transmitía, no aguanté más y le besé como si no hubiese mañana, era perfecto todo lo que había hecho por mí. Al separarnos sentenció la noche con lo que faltaba para que fuese lo más perfecto posible.
- Feliz San Valentín.- y volvió a besarme.

Narra Lucía.
Cuando todos se marcharon menos Lotte, yo me fui a dar un paseo por las calles de Londres, quería ver como era el ambiente en este día tan especial para las parejas. Salí de la universidad sin rumbo alguno, me puse los cascos y empecé a escuchar música; después de un rato de estar andando llegué a un Starbucks, pasé y me pedí un capuchino para llevar, cuando salí seguí andando hasta llegar a Hyde Park. Allí había muchas parejas sentadas en el césped con cestas de picnic, o haciéndose cariñitos; yo caminé hasta llegar al lago del parque, me senté debajo de un árbol a tomarme el café mientras veía a la gente caminar con sus respectivas parejas o hijos, pero siempre juntos; me sentía un poco bicho raro por así decirlo, por no tener a nadie a mi lado, pero no sería la única así que me saqué ese pensamiento absurdo de la cabeza.
Pasé sentada debajo de aquel árbol hasta que empezó a oscurecer, un poco antes. Me levanté y me fui caminando otra vez por las calles de londinenses. Por el camino veía los escaparates de las tiendas, sin darme cuenta, llegué a Picadilly Circus, allí me senté en unos escalones a contemplar la gente que pasaba, hasta que un grupo de chicas empezaron a gritar y mi curiosidad pudo conmigo, así que me acerqué.
- ¡Es Louis Tomlinson!- gritó una chica.
- ¡Louis!- empezaron a gritar.
Cuando estaba a poco centímetros de él le veía con cara de agobiado, así que le agarré como pude y lo saqué de allí.
- Lo siento chicas, pero él se viene conmigo.- agarré a Louis fuerte del brazo y empezamos a correr.
Estuvimos unos veinte minutos corriendo ya que nos perseguían unas fans histéricas, cuando las conseguimos despistar empezamos a andar normal, recuperando el aliento perdido. Nadie decía nada mientras caminábamos, era un silencio que me incomodaba un poco, pero menos mal, que él lo rompió.
- Gracias por sacarme de todo aquel jaleo.- dijo sonriendo.
- No es nada.- contesté, no le quería mirar, ya que me daba vergüenza.
- Menos mal que tú no eres una fan histérica, o ¿es qué no eres fan?
- Sí, si soy fan, pero no una de esas que se vuelven locas al veros, sois personas normales, solo que han cumplido su sueño, tampoco es para desmayarse.- reí, él me miró confundido por un momento pero luego se empezó a reír.
Seguimos caminando durante un largo rato por las calles de Londres, ya era de noche, debían ser más de las once y media, pero no me importaba.
- Louis, me tengo que ir ya.- dije rompiendo otra vez aquel silencio.
- ¿Tan pronto?
- Son más de las once y media de la noche, ¿es pronto? Mañana tengo clase te recuerdo.- reí.
- Es verdad, bueno, por lo menos déjame llevarte.
- Está bien.
- Pues vamos a por el coche.
Caminamos dirección al coche, el cual se encontraba en Picadilly Circus, pero al echar a correr nos habíamos alejado bastante; cuando llegamos al coche, no había ninguna fan por allí alrededor, así que, mejor que mejor. Nos subimos al coche y empezó a conducir rumbo a la residencia.
Durante el trayecto estuvo haciendo bromas de las suyas y cantando canciones que sonaban en la radio; llegamos aproximadamente en unos quince minutos, Louis se bajó del coche y me abrió la puerta para que pudiera salir.
- Gracias por traerme.- le dije en la puerta de la residencia.
- Gracias a ti por salvarme, estamos en paz.- dijo riendo.
- Sí.- reí.
- Buenas noches, Lucía.- me dio un abrazo de despedida, el cual yo no me esperaba pero le devolví encantada.
- Buenas noches, Louis.
Me guiñó un ojo antes de irse y me subí a mi habitación. Cuando entré, me puse el pijama y me acosté, había sido un día muy duro.

¡Yeih! ¿Qué os a parecido? Romántico, ¿verdad? JAJAJA Bueno voy a explicar una cosa rara que sale aquí. Giny dice que no come nada que tenga ojos o que le esté mirando, a una personita que me lee le recordará de su cumpleaños, ¿o me equivoco? JAJAA Es que las comidas dan para muchas tonterías, y cuando lo lea la persona que le esta asignado el personaje de Giny me va a matar, pero bueniii no pasa nada. Bueno espero vuestras opiniones (sean buenas o malas) y vuestros votos! :DD
Gracias por leer( : ¡OS QUIERO♥!

No hay comentarios:

Publicar un comentario